Algunas personas son más sensibles que otras a cómo ven, oyen u huelen. En algunos casos, esta sensibilidad puede llegar al extremo, y la persona comienza a oler no solo el perfume del compañero de trabajo, sino también el champú que usó, la pasta de dientes e incluso la suciedad debajo del zapato de él.

Si la sensibilidad está relacionada con otro sentido, a veces la persona puede verse profundamente perturbada por luces, colores, sonidos, etc. Esta intensa sensibilidad que altera la rutina de quienes la experimentan es a menudo el resultado del llamado trastorno del procesamiento sensorial.

Este trastorno se manifiesta por la dificultad del cerebro para interpretar los estímulos sensoriales, de modo que las luces y los colores se vuelven demasiado brillantes, los sonidos se vuelven demasiado intensos, los olores se vuelven demasiado fuertes y las sensaciones táctiles se interpretan de manera extremadamente profunda.

En la piel

Mother Nature Network habló sobre el tema y publicó un texto de Rachel Schneider, a quien le diagnosticaron el trastorno en 2010, cuando tenía 27 años. En el texto, describe cómo sería una respuesta sincera a un “¿todo bien?”. alguien a quien preguntar en una fiesta.

Para ella, habría que decir que los ruidos que la rodean la impacientan, sobre todo las distintas voces de todas las personas presentes, cuyas conversaciones escucha sin poder seguir. ¿El sonido de la carne asándose a la parrilla? Doloroso, según Rachel. Todos estos estímulos sonoros acaban por hacer que la joven quiera irse de la fiesta y, por ello, siempre acaba siendo juzgada como una desconocida.

El caso de Rachel no es el mismo que el de todas las personas con el mismo trastorno, al fin y al cabo, cada una puede presentar la condición de diferentes formas e intensidades. Con Rachel, la hipersensibilidad se manifiesta con imágenes y sonidos; para aquellos con hipersensibilidad al tacto, por ejemplo, las telas finas y livianas pueden sentirse como papel de lija, al igual que los abrazos pueden interpretarse como grandes abrazos sofocantes.

Desafortunadamente, este trastorno aún no se reconoce oficialmente como tal, lo que dificulta aún más el diagnóstico y el tratamiento. La afección también es común en personas autistas y, precisamente por esto, se ve como solo uno del espectro autista en sí, lo que hace imposible un tratamiento más específico para el caso.

Otras características y descubrimientos

Vale la pena señalar que, aunque los síntomas del trastorno del procesamiento sensorial incluyen esta hipersensibilidad, en casos menos comunes es posible que la persona tenga una respuesta sensorial baja, lo que también puede causar problemas: una persona que no huele, por ejemplo, no sería capaz de reconocer una fuga de gas.

Estudios recientes, liderados por la neuróloga Elsa Marco, de la Universidad de California, han revelado, a través de imágenes de resonancia magnética, que las personas con trastorno del procesamiento sensorial tienen diferencias estructurales en el cerebro, específicamente en áreas involucradas en el procesamiento visual, auditivo y del tacto.

Los mismos exámenes mostraron que los niños con el trastorno también tienen estas diferencias en la formación del cerebro, pero sus exámenes no son los mismos que los de los niños con autismo, lo que ya ayuda a la defensa de los especialistas que buscan tratar el trastorno de forma aislada, en lugar de como uno de los síntomas del autismo.

Rachel informa que el trastorno desencadena una serie de condiciones psicológicas, ya que la persona sigue preguntándose qué le pasa. Por ello, defiende la promoción de mayores debates sobre el tema y garantiza que afrontar el trastorno puede resultar difícil, pero que es posible desde el momento en que la persona toma conciencia de su existencia y cambia la forma en que realiza algunas tareas.

* Publicado el 09/12/2016

By memeo

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *